SEDLL 2018

Cracovia

Declarada Patrimonio de la Humanidad en 1978, pocas urbes europeas conservan tanta arquitectura medieval manteniendo intacto el trazado del antiguo burgo, apreciable y visible en su totalidad desde varios puntos de la ciudad. Por increíble que parezca, fue Cracovia la única gran ciudad polaca que salió ilesa de la Segunda Guerra Mundial. Las arcaicas murallas defensivas, tres kilómetros con medio centenar de torres, sobrevivieron hasta el siglo XIX, pero posteriormente fueron demolidas y sustituidas por un ovillo ovalado de verdor; un parque llamado Planty, que rodea y preserva la parte vieja, aislándola del resto de la ciudad. Dentro del casco viejo, todas las calles llevan a la plaza del Mercado Principal (Rynek Glowny), donde el pulso de Cracovia late con toda su fuerza. Con sus 200 metros de largo por 200 metros de ancho es la segunda plaza mayor de Europa, después de la de San Marcos en Venecia. Es, también, la plaza donde se escucha el Hejnal, la melodía que resuena cada hora desde lo alto de la torre de la iglesia de Santa María. Era la música con que se abrían y cerraban las viejas puertas de la ciudad, y la señal de un ataque inminente. Sus acordes se interrumpen antes del final: así se homenajea a un anónimo vigía que fue abatido por los tártaros invasores hace 800 años.

En el centro del Rynek, los mercadillos de la planta baja de la Lonja de los Paños, una construcción gótica con arcadas, siguen funcionando como siempre. Pero son los campanarios de las iglesias los que marcan la orografía arquitectónica de Cracovia, cuyos habitantes están acostumbrados a convivir estrechamente con la religión.

Del Rynek Glowny salen calles muy evocadoras: ulica Swietego Jana (calle de San Juan), rodeada de hoteles y de palacios con pórticos renacentistas, barrocos o clásicos; ulica Bracka, que lleva a un barrio de iglesias y conventos; ulica Floriasnka, que desemboca en la puerta de San Florián, torre cuadrada tras la cual se levanta la Barbacana, pequeña fortaleza rosa que, tomando los bulevares plantados de árboles, permiten descubrir un bello decorado urbano. Precisamente en esta avenida de aire festivo está el café Jama Michalika, un local que es famoso porque albergó a la élite artística de principios del siglo XX.

Toda la ciudad vieja es en sí un museo, pero lo mismo se puede decir de casi todos los locales de tiendas, bares, cabarés o restaurantes que la animan, decorados siempre con buen gusto, originalidad y amor por las antigüedades. La mayoría de los ambientes se ilumina a la luz de las velas, mientras que mimos y actores callejeros asaltan de improviso cualquier rincón. A pocos minutos a pie del centro se abre la colina Wawel, el corazón histórico de Polonia, que late en un recodo del río Vístula. Esta ciudadela acoge dos edificios emblemáticos: la Catedral y el Castillo Wawel. Durante más de 500 años allí estuvo el centro político y administrativo del país, un lugar privilegiado que eligieron reyes y héroes de la nación para ser enterrados. Contemplado desde su patio interior, el Castillo Real parece un magnífico palacio italiano del Renacimiento.

Cracovia ha estado vinculada al pueblo judío desde la época de Casimiro El Grande, quien en el año 1335 bautizó con su propio nombre (Kazimierz) el asentamiento hebraico instalado en las faldas de la colina de Wawel. Allí sigue en pie, todavía, la Sinagoga Vieja, la construcción judía más antigua de Polonia, convertida en la actualidad en museo. [http://viajar.especiales.elperiodico.com/25-ciudades-mas-bellas-de-europa/2013/07/22/cracovia-el-tesoro-eslavo/]

Alojamiento

La ciudad de Cracovia tiene una amplia oferta de hoteles, por ejemplo:

Novotel

BEST WESTERN Kraków Old Town

Hotel Kossak

Hotel Galaxy

Campanile

Hotel Wilga

Hotele Kazimierz

Hotele WAM

Hostel Bursa Jagiellońska

Hotele Studenckie

El alojamiento no está incluido en la cuota de participación.